jueves, 28 de agosto de 2008

Como urpilita perdida...

Para Patricia el amor era eso.

Un cúmulo de sentimientos que eran inmanejables.

Y no importaba cual fuera la reacción ante una acción cualquiera. Si el amor lo justificaba, valía todo. Inclusive disfrazarse de empanada y repartir volantes, solo para estar cerca de su ser amado.

Ella liberaba sus sentimientos al máximo. De una manera casi salvaje y natural.
Nadie podía aferrarla, decirle que pare. Ella se dejaba guiar por sus mas puros sentimientos, y actuaba con la mas pura libertad.

El ahora estaba lejos. Habia cruzado el gran charco, y a ella el desamor la tenía a maltraer. No sabia que hacer. Como reaccionar, a veces ni como respirar.

A lo lejos, quizas a el no le pasaba lo mismo. Las malas lenguas decian que se habia ido porque no aguantaba mas que ella sea tan absorbente. Que había conocido a una francesa, habian contraido matrimonio para obtener la visa, y ahora vivían en Nantes, en una campiña bretona.

Ella había hecho todo, cuando supo de sus supuesto viaje laboral al viejo continente, para que se quedara en sus brazos, hasta quedo embarazada para ver si podia retenerlo...

Pero no hubo caso... Tenía ganas de rajarse de ese tormento, decían algunos.
- Yo me las pico, sabes como me las pico. No aguanto mas estar así, alla es otra vida, mas libertad.-
Consiguió trabajo de plomero, y no la pasa tan mal.

Ahora ella, con una huahita entre sus brazos, como un tesoro, como una conexión con el mágico mundo de el, miraba el enorme rio, que mas alla se conectaba con el gran oceano. Soñaba que en cualquier embarcación el venía a buscarla.

"En el cofre de sus brazos, le esta llorando una nueva vida,
y ella la mira asustada, como urpilita perdida..."

1 comentario:

Anónimo dijo...

chango me retorciste el alma con esta historia cuantas veces se repite estas situaciones si las habre visto las habre vivido, lastima que los niños no pueden elegir muchas veces no llegar, ellos son los q mas sufren al fin y al cabo
saludos